13 abril 2005

En defensa de nuestra indiosincracia

Esto no es Cataluña y por ahí es por donde hay que empezar. Tan cierto como tres es mitad de seis, razón por la cual nadie está obligado a conocer ni hablar una lengua que sepulta, en beneficio suyo exclusivo, la identidad balear fuera de su límite comunitario en un Estado de Derecho que nos convierte en necios ignorantes ante la historia misma. Atrévanse a pensar.

Cualquier causa en disputa, no sometida a voto, es firme imposición y raíz de todo problema en cuestión. Se mire por donde se mire. Privilegios, en tierra de otros, ninguno. Acabarían por imponer la sardana. Tan cierto como la vida misma.

Baleares y su lengua vernácula es tan legítima como cualquier otra, y se remonta a las civilizaciones de honderos, fenicios, griegos, hebreos, romanos y árabes. Es el legado de nuestros antepasados hasta nuestros días e identidad no cambiable por otra ninguna.

Es evidente que formamos nuestro cuerpo de un Estado de Derecho con lengua oficial propia desde el 27 de diciembre de 1978, fecha de la aprobación de la Constitución Española que no entiende ni admite imposición de ninguna clase.

Es de igual dominio público que la imposición catalana data de la fecha de implantación del Estado de Autonomía de las Islas Baleares en febrero de 1983, cinco años después de proclamada la Constitución Española, cuyos artífices de la negociación fueron Jerónimo Albertí, líder de la UCD balear y Félix Pons, dirigente del PSOE. Deuda imperdonable la suya.

Es el legado nefasto a esta población contribuyente, en un entramado político impositivo de su lengua y ejemplo de basura desde entonces.

La historia, objetiva y fiel a sí misma, nos recuerda que éste es su sistema de vida para lograr sus propósitos. Acuérdese del desembarco en Porto Cristo en 1936, cuando la Guerra Civil y saquen sus propias conclusiones. Los hechos retratan su pensamiento que sigue ahí presente, así de claro.

Con la fuerza de la razón por delante, insistimos en lo nuestro propio: región o Archipiélago balear, no 'illes', poniendo fin a tanto intrusismo y patraña sin fin en suelo balear, dejando las cosas donde y como deben estar. Si uno no quiere, dos no se casan y se acaba. Así de simple.

Que cada palo aguante su vela, y quien sueñe con países catalanes que nunca existieron, billete y barco le guardan ¿A qué espera? Identidad u origen, es personal e intransferible.

José Vidal Riutord. Palma.

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