14 abril 2005

Un hito parco, pero con grandes posibilidades

Como ya se había advertido en este periódico, el artículo 14 del futuro Estatut iba a recoger las llamadas modalidades lingüísticas baleares con el expreso reconocimiento de mallorquín, menorquín, ibicenco y formenterense. En sí, ya es un hito si tenemos en cuenta que el actual Estatut no cita ni una sola vez estas modalidades por el nombre con que han sido llamadas desde hace 700 años. Una ignominia y una cobardía han sido, pues, subsanadas con estas recomendaciones del comité de sabios, haciendo legal lo que es normal en la calle y en la Historia.

Es cierto que el hito es parco y, en el fondo, un reflejo de este extraño complejo de inferioridad que experimentan los partidos cuyos votantes tienen muy clara cuál es la denominación de la lengua que hablan, que no es la de catalán, sino la que recibe en cada Isla como desde hace setecientos años. La excusa de la unidad lingüística no es más que un subterfugio para ocultar otros designios imperialistas y catalanistas. No es incompatible esta unidad con que, aquí y como ha ocurrido siempre, de padres a hijos, a la lengua que se hable se la denomine, oficial, estatutariamente y sin complejos mallorquín, menorquín, ibicenco y formenterense. Es lo que debería figurar en el Estatut, entre otras razones porque lo impone la realidad social, la realidad histórica y los justos títulos lingüísticos. En Valencia no han tenido nunca ningún problema -salvo los que provocan, como aquí, las minorías catalanistas- para llamar oficialmente valenciano a lo que así ha sido llamado desde la noche de los tiempos. Tampoco han tenido problemas -al menos de boquilla- los catalanes en respetar y aceptar esta denominación. No se entiende por qué aquí no puede ocurrir lo mismo.

Habrá que ver cómo queda redactado este artículo 14 y el uso que se hacen de las comas. En cualquier caso no se entiende esta especie de excusa no solicitada por nadie que ha dado Estaràs, advirtiendo que no va a cambiar nada por el hecho de incluir las tradicionales y legítimas denominaciones de la lengua. Pues, sí que va a cambiar. Si el ninguneo de estas denominaciones y la consagración del catalán como lengua de estas Islas ha sido la percha a la que se han aferrado como lapas los catalanistas militantes para promover la más intensa campaña de ingeniería educativa y lingüistica conocida en toda nuestra Historia, el simple reconocimiento por su nombre de las modalidades ampararán y legitimarán que las cosas cambien -empezando por la Ley de Normalización Lingüística- que cambien en profundidad y que se acabe de una vez este ominoso y fascista pressing que venimos soportando los ciudadanos de estas Islas.

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