11 octubre 2007

El actual nivel de radiación de móviles y WiFi amenaza gravemente la salud pública.

La controversia acerca de los efectos de las radiaciones que emiten los aparatos electromagnéticos cuenta con nuevas pruebas de peso que demuestran que los dispositivos como los teléfonos móviles y la tecnología WiFi podrían tener un grave impacto en la salud pública, consecuencias, todas ellas, hasta la fecha subestimadas por la gran mayoría de autoridades mundiales.

Los encargados de dar la voz de alarma han sido un grupo internacional de trabajo llamado The BioInitiative Workinas g Group, integrado por científicos, investigadores y profesionales de políticas de salud pública.

Entre las amenazas probadas tras revisar más de dos mil estudios científicos, los expertos mencionan una mayor incidencia de la leucemia infantil, derivada del efecto de las líneas eléctricas y otras exposiciones eléctricas, de los tumores cerebrales y neuromas acústicos, como resultado de las radiaciones de la telefonía móvil, de los cánceres e incluso del alzheimer.

La conclusión del estudio es que los actuales límites de seguridad son demasiado indulgentes e inadecuados para proteger la salud pública y el mensaje de los expertos es rotundo; "Los planes de salud deben tomar medidas para prevenir los cánceres y los daños neurológicos asociados a la exposición a líneas eléctricas y otras fuentes electromagnéticas. La población y los encargados de tomar las decisiones deben darse cuenta que seguir como hasta ahora es inaceptable", afirma el doctor David Carpenter, director del Institute for Healt and the Environment de la Universidad de Albany (EEUU) y coautor del estudio.

Las investigaciones también han confirmado que la prolongada exposición a radiofrecuencias y radiaciones microondas provenientes de teléfonos, antenas y WiFi están relacionadas con dolencias físicas como dolores de cabeza, fatiga, somnolencia, mareos y dificultad en la concentración y la memoria. Dichos efectos pueden ocurrir incluso a niveles de exposición muy bajos si ésta se da a diario y, además, los menores son especialmente vulnerables.

La solución propuesta por los científicos del grupo de trabajo pasa por establecer límites de exposiciones basados en criterios biológicos suficientemente estrictos para proteger la salud humana de las radiaciones permanentes y, en consecuencia, hacer correcciones en la forma en la que se prueban y aceptan tecnologías.

Fuente: Jaume Canals/Unviversal

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