26 diciembre 2007

El 'obispo verde' desafía a Lula con sus huelgas de hambre

Casi un mes en huelga de hambre contra un proyecto del Gobierno brasileño de desviar el cauce de un río. Y no es la primera vez. Luiz Flavio Cappio, de 61 años, obispo de Barra, una localidad del estado brasileño de Bahía, desafía al presidente Luiz Inácio Lula da Silva al protagonizar una huelga de hambre de 24 días, hasta que perdió la consciencia y cayó desmayado. Cappio, un religioso franciscano, nombrado obispo por Juan Pablo II, se opone a que se desvíen las aguas del legendario río San Francisco, que en sus 2.800 kilómetros recorre cuatro estados.

Del proyecto se lleva hablando desde los tiempos del imperio como posibilidad de llevar agua al noreste pobre y semiárido, y nadie se había atrevido a meterle el diente, temiendo un desastre ecológico, la muerte misma del río y los problemas que sufrirán los 12 millones de personas que viven de sus aguas. Lula, desafiando todas las dificultades, decidió emprender las obras, sobre las que pesan 14 sentencias, recurridas ante el Tribunal Supremo.

Contra el proyecto, sobre el que han corrido ríos de tinta de informes de especialistas a favor y en contra, se levantó el obispo Cappio, considerado un quijote de la ecología, que en 2005 hizo una huelga de hambre de 11 días y que interrumpió ante la promesa de Lula, que lo recibió personalmente, de abrir un debate nacional antes de iniciar las obras. El obispo le creyó, interrumpió la huelga y Lula no cumplió su palabra. Y comenzaron las obras.

El prelado, que es también economista, volvió a la huelga, que esta vez se prolongó 24 días. De nuevo Lula, que no quería un mártir sobre sus espaldas, volvió a prometerle dos meses de interrupción de las obras para discutir mejor el proyecto. Otra vez el presidente brasileño incumplió su promesa y el obispo, tras haber perdido el conocimiento y ser internado, interrumpió la huelga aconsejado por sus familiares y amigos. Cappio seguirá liderando un movimiento que ya es nacional, contra lo que él llama "proyecto de la muerte" del río. En una carta hecha pública, el obispo cita al profeta Isaías cuando dice que Dios "fortalece las manos enflaquecidas y las rodillas debilitadas", y que "la venganza es la recompensa de Dios", el cual "abrirá los ojos de los ciegos y destapará los oídos de los sordos". Y concluye afirmando que "cuando falla la razón no queda más que la locura de la fe".

Para él falla la razón cuando se quiere confundir a la población con unas obras faraónicas de 6.000 millones de euros, que, en su opinión, favorecerán sólo a los grandes empresarios agrícolas, y sin embargo, sus impulsores lo presentan como la causa de los pobres, verdaderos desfavorecidos por el proyecto.

Cappio no es un ingenuo ni un fundamentalista. Todos lo consideran un hombre de fe, que lleva 40 años dedicado a los más pobres y a estudiar el río San Francisco, símbolo para él de la vida que ofrece sus aguas a los campesinos ribereños, y cuyos 2.800 kilómetros se pateó durante un año junto con un sociólogo y un agricultor para escribir después un libro.

El obispo ecologista, ya recuperado, ha vuelto a su diócesis. No para descansar. Abanderado de las causas desesperadas, seguirá dando dolores de cabeza al poder.

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