13 enero 2008

Congo

Un perro condenado a ser sacrificado después de magullar a un jardinero hondureño ha provocado un debate en esta ciudad universitaria sobre la inmigración y los derechos de los dueños de perros.

El jardinero, Giovanni Rivera, fue atacado en junio del año pasado por un pastor alemán llamado Congo, y cuatro perros más, en una casa en Princetown donde hacía trabajos de jardinería. Se levantó un cargo en contra de la familia dueño de los perros, y Rivera recibió un cheque del seguro de $250.000,00 en liquidación del reclamo.

Pero el Juez decretó que había que sacrificar el perro, y esa decisión ha provocado críticas de los amantes de los animales, y de los dueños de los perros, quienes afirman que Congo no hacía más que proteger a su familia y su propiedad.


“Esta es una locura” dijo Guy James, sentado en su casa en Princeton con su esposa Elizabeth al lado y Congo y otro pastor alemán al lado. La pareja dijo que la decisión del juez de sacrificar a Congo ha sido una noticia “horrorosa” para ellos y sus cuatro niños.


James dice que los jardineros llegaron muy temprano cuando los perros estaban comiendo, y que no prestaron atención a su directiva de que se quedaran en su vehículo. Dijo que Congo atacó a Rivera solo después de que el jardinero, en su pánico, le agarrara de atrás a su esposa, haciéndole caer al suelo echando gritos.


El abogado de Rivera, Kevin S. Riechelsen, dijo que su cliente, quien está todavía en New Jersey, no quería tocar el tema porque le había entrado miedo a raíz de la fuerte reacción indignada del público cuando se dio a conocer la decisión de sacrificar el perro. Pero Riechelsen y Kim Otis, el fiscal a cargo del caso, dijo que el perro atacó sin motivo, y que Rivera no había causado la caída de Elizabeth James.


Es más, Riechelsen dijo que los jardineros habían recibido una orden de ir a trabajar más temprano ese día.


Rivera, quien permaneció internado durante 5 días, recibió “centenares y centenares de mordidas”, incluyendo una herida profunda en el muslo derecho, según Otis.


“Básicamente lo mordieron y arañaron durante unos tres minutos” dijo Riechelsen.

El debate público ha llegado al conocimiento del Gobernador Jon S. Corzine, quien manifestó la semana pasada que se compadece con el perro, pero la decisión la deja en manos de la corte.

Las llamadas, cartas, correos electrónicos y faxes recibidas en la oficina del Gobernador superan en cantidad a cualquier otro tema desde que dicho Gobernador fuera nombrado. Casi todos han exigido que Congo se pusiera en libertad, dijo un vocero del Gobernador.

Una gran parte de la discusión se ha enfocado en el estatus migratorio de Rivera. Nadie sabe si Rivera está aquí legalmente, ni Riechelsen, ni la familia James, ni su abogado ni el fiscal. Tampoco les importa, porque afirman que no viene al caso.

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