11 enero 2008

Animales convalecientes tienen una aliada en Ana Julia



Ana Julia Torres, una pedagoga y dueña de un colegio, impulsa desde hace más de una década en un pobre barrio de Cali, en Colombia, un peculiar sanatorio que acoge a animales convalecientes.

Todo comenzó cuando un amigo le regaló un búho. Ahora atiende a decenas de animales maltratados, heridos o ancianos. Y, desde su colegio, trata de inculcar a sus alumnos el amor por la fauna.

“Aquí tenemos animales cojos, mochos, ciegos, bizcos, inválidos, algunos hasta violados. Nos llegan en estado de desnutrición, heridos, quemados, apuñalados, con tiros”, relató Torres.

Cinco tigres, cuatro leones, 10 jaguares, 10 pumas, tigrillos, ocelotes y águilas son parte de la fauna de “Villa Lorena”.

A algunos animales los rechazaron sus amos, otros fueron hallados en las calles, rescatados de la brutalidad de personas que los golpeaban o son salvados de los rigores del cautiverio en circos y ahora reposan en el refugio que fundó Torres hace más de una década en Cali.

Fuera de su hábitat
La mujer recuerda que empezó a involucrarse en el tema cuando hace unos 12 años les pidió a los alumnos que llevaran a clase a sus mascotas y “me di cuenta que mucha gente tiene fauna en sus casas”.

Luego un amigo le regaló un búho que tenía abandonado y comenzó a acoger animales.

“En este momento tengo 800 animales, pero han pasado muchísimos por nuestras manos”, aunque no siempre sobreviven, indicó.

Adquirió varios ejidos que ahora suman 25.000 metros cuadrados en donde edificó el albergue, en un empobrecido barrio de la ciudad, que mantiene con sus propios recursos y unas cuantas donaciones de empresas que le obsequian algunos alimentos.

“La historia más cruel es la de Yeyo, que ya murió... un mono araña que vivía con un borracho y cada vez que llegaba lo agarraba a patadas y el animal gritaba y un día la policía llegó, encontró la pared llena de sangre y en el suelo una masa de pelos, sangre, dolor... lloramos de rabia de ver qué le habían hecho”, dijo.

Aunque perdió un ojo y los dientes por las golpizas, con la ayuda de dos veterinarios lo salvaron.

“Yeyo quedó traumatizado, cuando escuchaba los pasos de una persona se tiraba al último rincón de su jaula, metía la cabeza entre sus patas y se tapaba con las manitas, quería morirse”, indicó. Poco después quedó ciego.

“Cuando creímos que estaba bien, empezó a desfigurarse poco a poco, a raíz de los múltiples golpes recibidos, le salieron tumores en sus ojos, cara, boca y se convirtió en un monstruo, le brotó mucha sangre... y murió”, relató.

Cuidados que recompensan
El otro caso famoso en “Villa Lorena” fue una elefante de circo “a la que le cercenaron media oreja, no tenía cola, tenía un ojo ciego, artritis, heridas en las patas, un color horrible. Hicimos labor con otras fundaciones y con la policía, en medio de protestas logramos quitarles el elefante”.

Con los cuidados de Torres, “la elefante aumentó dos toneladas, le alivié la pata, le creamos un encierro grande, le hice una piscina a la que nunca se metió porque le tenía pavor al agua... y cuando me veía me buscaba con su ojo bueno, me apretaba y abrazaba con su trompa. Duró cuatro años”.

1 comentario:

  1. Es increible en lo que poco a poco ns emos convertido, seres inconsientes o ¿sera que disfrutamos con hacer daño?, tube la oportunidad de visitar este santuario y me saco mucy reflexiones, ayudemoslos ya que nosotros somos su voz

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