04 enero 2008

Un «milagro» salva a la perrita ‘Suerte’ tras ser enterrada viva

El juzgado de Daimiel investiga un posible delito de maltrato a animales domésticos al ser encontrada por un vecino de la localidad bajo piedras de gran tamaño y con golpes
P. V. / DAIMIEL
El cambio de nombre de ‘Plata’ a ‘Suerte’ está totalmente justificado, ya que ésta acompañó a una perrita braco alemán que fue rescatada por un vecino de Daimiel de una escombrera donde había sido enterrada viva. El animal fue encontrado bajo un montón de piedras en un lugar detrás del cementerio de la localidad, en estado famélico y con varios golpes, según relató a La Tribuna J. L. F., la persona a la que «el destino» llevó el pasado 16 de diciembre hasta esa zona donde salvó de una muerte segura a ‘Suerte’.

La Protectora de Animales de Daimiel cuida ahora de ella tras denunciar ante el Seprona «la barbarie» cometida con la perra, que «pudo permanecer unos 15 días bajo las piedras, bebiendo el agua de lluvia y sin comida», según asegura un socio de este colectivo y el encargado de sus cuidados en la actualidad, Julián Carrión.

Los hechos ocurrieron a mediados del mes de diciembre, aunque la Protectora no tuvo constancia de ello hasta el pasado día 21, cuando J. L. F. llevó a la perra a la Protectora para que se hiciera cargo de ella después de su recuperación en el domicilio particular de esta familia daimieleña. Tras ser reconocida por el veterinario, comprobaron que el animal disponía del obligatorio microchip, lo que ha permitido localizar tanto a su propietario actual como al anterior.

Esta situación ha facilitado la investigación abierta por el Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil (Seprona) tras la denuncia de la Protectora, que ha tomado declaración a las dos personas que fueron titulares del animal. Los agentes ya han puesto el caso en manos del Juzgado de Instrucción número 1 de Daimiel, que ha abierto diligencias y que en estos momentos estudia el caso, aunque todavía ninguno de los implicados ha reconocido que enterrara viva a la perra.

Según fuentes de la Subdelegación del Gobierno, el o los infractores de este caso pueden ser acusados de tentativa de maltrato a animales domésticos, «ya que la perra no sufrió daños graves». Este delito supone la «pena de multa de diez a treinta días para las personas que abandonen a un animal doméstico en condiciones que pueda peligrar su vida o integridad», según recoge el Código Penal, aunque en el caso de que los «maltraten con ensañamiento e injustificadamente causándoles la muerte o provocándoles lesiones que produzcan un grave menoscabo físico, serán castigados con la pena de prisión de tres meses a un año e inhabilitación especial de uno a tres años para el ejercicio de la profesión, oficio o comercio que tenga relación con los animales».



«un milagro». La Subdelegación del Gobierno insiste en que este tipo de casos no son habituales en la provincia de Ciudad Real, algo que confirma Julián Carrión, quien asegura que en 18 años que lleva en la Protectora es la primera vez que se encuentra con una situación como la vivida por ‘Suerte’. «Al principio el Seprona planteó la posibilidad de que hubieran sido chicos, pero cuando vieron el lugar donde la habían dejado y su estado, descartaron esta posibilidad», explicó Carrión, quien calificó la salvación de esta perrita de pura raza como «un milagro, ya que el destino quiso que la encontrara una persona a la que le encantan los animales».

Además, el cuidador actual de ‘Suerte’ destacó que la persona que la había enterrado viva «no pensó en las consecuencias y descartó que alguien la encontrara, ya que es un lugar poco frecuentado», porque su localización era sencilla al disponer el animal del microchip de identificación obligatorio.

Quien tampoco sale de su asombro es J. L. F., que rescató a la perra de una muerte segura, ya que se encontraba colocada bajo las piedras, en un lugar estratégico, «donde los vertidos la hubieran sepultado por completo». El destino llevó a este daimieleño a pasear aquella tarde por la escombrera, donde escuchó los lamentos de un animal que le llevaron a localizar una pata tapada que sobresalía entre la tierra y piedras. «Tras quitar algunas, empezó a salir el cuerpo de un perro y una vez fuera el animal se cayó al suelo», explica. Tras llevar comida y agua hasta el solar y comprobar que no dejaba de vomitar, decidieron llevarla a su domicilio. Allí, tras dos días de mimos y cuidados de los golpes que tenía de toda la familia, «la perrita comenzó a comer».

J. L. F. no pudo quedarse con ella: «No dispongo de sitio, al tener ya otro perro y una gata», de ahí que decidiera llevarla a la protectora. «Lo que han hecho con ella es una bestialidad, en mis 42 años jamás había visto nada similar, me quedé muy sorprendido», a lo que añadió que espera que castiguen a la persona que lo hizo.

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