11 mayo 2008

Murió Olivier Debroise, uno de los jueces que premió a Vargas con el pasaporte a Honduras.

Siempre que fallece una persona es de lamentar, yo así lo siento por Olivier Debroise.



Murió Olivier Debroise, curador y polifacético estudioso del arte.
El crítico, curador, historiador del arte, cineasta y novelista Olivier Debroise (Jerusalén, 1952) falleció el pasado martes a las 22:20 horas en su casa de la colonia San Rafael, a causa de un infarto masivo, a pesar de que se supone no padecía ninguna enfermedad relacionada con el corazón, según fuentes cercanas.

Apenas un día antes, el lunes, había regresado de San Diego, Estados Unidos, adonde viajó para afinar detalles de una próxima estancia de nueve meses como catedrático de la Universidad de California, que marcaría su primera incursión en la docencia.

Vivir con pasión

Desde 2004, Debroise era el responsable de las colecciones de arte contemporáneo de la Dirección General de Artes Visuales de la UNAM, y la coordinación del acervo del Museo Universitario de Arte Contemporáneo, recinto que todavía no abre sus puertas al público. Sin embargo, pasó los primeros tres meses del año como investigador invitado del Instituto Getty en Los Ángeles.

Según Enrique Serrano, amigo de Debroise, el crítico, quien “vivió con pasión hasta el último momento”, llegó “muy cansado de San Diego, pero era un work-aholic. Alrededor de las 20 horas empezó a sentirse mal, con mucho dolor de espalda y brazos. Llegó un amigo que lo vio mal. Olivier le dijo que iba a acostarse un momento.

“Fue llamado otro amigo y el médico, quien al llegar se dio cuenta de inmediato que era un infarto masivo. Le alcanzó a administrar un parche y una pastilla que no llegó a hacer efecto. Lo logró sacar dos veces y a la tercera se quedó.”

De nacionalidad francesa, hijo de padre diplomático, Debroise llegó a México a la edad de 17 años para cursar el bachillerato. Realizó estudios superiores en la Universidad de París X, en Nanterre, la Facultad de Filosofía y Letras, de la UNAM, el Instituto de Estudios Superiores en Cinematografía, en París, y de lingüística en El Colegio de México.

Cuando Graciela de la Torre fue directora del entonces Museo de San Carlos empezó a trabajar con Debroise, colaboración que continuó durante su estancia en el Museo Nacional de Arte (Munal) y después como titular de la Dirección General de Artes Visuales de la UNAM.

Siempre con nuevas metas

Debroise regresó de su estancia en el Getty “muy orientado a la parte académica”, continúa De la Torre. “Pensó que era bueno que otra persona tomara la batuta de la colección para que no fuese una colección firmada. Estábamos en esa plática. Me decía: ‘lo he hecho como algo misionar’; muchas cosas las hacía así. Siempre fue alguien que se planteaba nuevas metas”.

Pero, qué ligaba a Debroise tanto a México. Para De la Torre el curador “nunca se separó de la posibilidad de contribuir al estudio del arte contemporáneo, inclusive moderno, en México. Aun teniendo ofertas de trabajo internacionales le era muy difícil pensar que dejaría a este país”.

La última exposición que hizo para la UNAM fue La era de la discrepancia: arte y cultura visual en México, 1968-1997.

Hombre polifacético, “todo lo hacía con una inteligencia y una pluma privilegiadas”, además, “profesionalmente era un hombre honesto a carta cabal”, apunta la historiadora del arte.

Algunos de sus libros más conocidos son Diego de Montparnasse (1979), Fuga mexicana. Un recorrido por la fotografía en México (1991), y Diego Rivera, pintura de caballete (1985).

Debroise escribió tres novelas, la última, Crónica de las destrucciones, ganó el Premio Colima de Novela 1998, y filmó el largometraje Un banquete en Tetlapayac. Tenía en preparación dos novelas, el ensayo El arte de mostrar el arte mexicano, el libro Serguei Eisenstein: México y yo, en colaboración con Antonio Saborit, y un proyecto sobre documentos del siglo XX de arte latinoamericano y latino.

Debroise es velado en su casa de Altamirano 45, en espera de la llegada de su madre, radicada en Barcelona, y su hermana. Los restos del curador serán incinerados.

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