11 septiembre 2008

Honduras: Cuatro niños han muerto por neumonía en Marale

“Mi hijo murió porque no podía respirar, el pecho le rugía y aún recuerdo cómo trataba de respirar para no ahogarse, pero no pude salvarlo”, relató Jesús Rigoberto Castro.

Su testimonio es desgarrador debido a que con su explicación hace imaginar la agonía de su hijo, Darwin Noé Castro, quien era el más pequeño de la familia y falleció a causa de la neumonía. Este pequeño angelito tenía apenas 12 meses de haber llegado al mundo. Para su progenitor no es fácil hablar de lo que considera es la desgracia de los pobres. “No es fácil para nosotros, se nos están muriendo los chigüines y nadie llega para ayudarnos”, dijo el indígena tolupán.

Las condiciones en las que viven Rigoberto y al menos 1,500 familias más son infrahumanas y las vienen padeciendo desde hace un año, luego de que un temblor de 5.5 grados en la escala Richter sacudiera el municipio de Marale, afectando así a por lo menos 53 comunidades. Con la desgracia, alrededor de 200 familias quedaron sin hogar.

Hasta el momento, lo único que han obtenido son falsas promesas del gobierno, ya que no se ha cumplido ninguno de los ofrecimientos de reubicación ni de ayuda sostenida.

Luto

El reporte de las muertes también es del conocimiento de las autoridades del municipio. Teresa Espinoza es la alcaldesa del municipio de Marele y aseguró que hace unos meses recibió en su oficina una familia que cargaba en brazos a un menor.

El menor presentaba fiebre e infección respiratoria aguda, por lo que falleció al momento en que se disponían a trasladarlo hacia la capital para que recibiera la asistencia adecuada.

“Fue duro para mí ver cómo se nos murió uno de los nuestros y más aún porque era un niño, padecía neumonía y también desnutrición”, explicó Espinoza. El niño, con ayuda de los vecinos de la comunidad, fue velado en la alcaldía; sus padres no tenían los recursos para realizar el funeral.

Condiciones sanitarias

Según la funcionaria, aunque se cuente con un centro de salud en Marale, para los habitantes de los caseríos ubicados en las partes altas de los cerros y montañas que rodean el municipio es difícil recibir asistencia permanente.
“Lo que sucede es que para trasladar a un paciente de las comunidades de las partes altas deben viajar varias horas a pie, y vienen en agonía”, expresó la alcaldesa.

Invierno

El mayor peligro que corren los niños de la zona es que con la llegada de la temporada de lluvias permanecen expuestos a los aguaceros de forma permanente. En la zona rodeada de bosque las lluvias son más fuertes, por lo que además temen deslizamientos de tierra. La comunidad de Las Travesías es una de las que -de acuerdo a estudios- por estar al pie de una montaña y como consecuencia de los movimientos sísmicos en la zona en cualquier momento puede sufrir un derrumbe. Son 30 familias las que residen en la comunidad, por lo que de acuerdo a las autoridades municipales es necesario su pronta reubicación.

Otras muertes

En la mente de Jesús está presente a cada instante la muerte de su vástago, pero también el fallecimiento de otros tres niños que logró conocer y que por causa de la misma neumonía ahora descansan en un cementerio cercano a su hogar. Los menores formaban parte de la tribu tolupán, que habita en la comunidad Nuevo Paraíso, en el municipio de Marale.

EL HERALDO denunció en varias publicaciones las condiciones en que permanecían los niños de esta comunidad y evidenció la necesidad urgente de una vigilancia permanente en la zona por parte de las autoridades sanitarias. Y es que las campañas de salud solo llegaron durante el primer mes de forma general para la población, como consecuencia del llamado de los vecinos a través de las notas periodísticas de EL HERALDO.

En ese momento, los niños comenzaban a sufrir de diarreas y enfermedades respiratorias, padecimientos que se han agudizado. En los últimos meses, el dengue y la desnutrición también se han encargado de mantener al borde de la muerte a varios pequeños.

La falta de una vivienda digna obliga a adultos y niños a permanecer a la intemperie, debido a que las chozas que han construido solo les sirven para taparse de la lluvia. Sus hogares son pequeñas habitaciones forradas con techos de palma y repelladas con lodo, lo que facilita que los niños sean vulnerables a las infecciones respiratorias. En la zona es necesaria de la presencia de brigadas médicas.

Los ataca el dengue

Eulalio Martínez es otro de los afectados y denunció que en la comunidad de Nuevo Paraíso no hay ni un tan solo adulto que no haya padecido de dengue clásico.“Gracias por venir, porque es necesario que las autoridades conozcan cómo estamos. En la montaña hay familias completas en cama, en Nuevo Paraíso la gente está con dolor de cuerpo y fiebre, dicen que es dengue”, explicó Martínez.

Según el indígena, él también fue víctima del ataque del zancudo y hasta hace unos días se sentía débil, por lo que no podía trabajar en la parcela de tierra que cultiva. “Nosotros necesitamos también comida; mire, después de los temblores nuestra zona se quedó más pobre, vivimos en miseria”, agregó.

Autoridades

La alcaldesa recordó que a diario escucha el testimonio de los pobladores que la hacen angustiarse y caer presa de la impotencia, pues conoce a la perfección las necesidades y lo que hace falta por hacer; sin embargo, asegura que sin la ayuda gubernamental es poco lo que puede realizarse.

Entre los planes de la alcaldía para este año se concretaría la construcción de 186 viviendas con fondos propios. Ya se compraron los terrenos donde se realizará el proyecto.

En la actualidad, solo la iglesia Católica y la Cruz Roja han ofrecido la construcción de 13 casas, el resto aún no se conoce si se llegará a edificar; el gobierno, una vez más, se ha olvidado de la zona.

Temblores

Los vecinos de zonas como Playa Grande, La Guadalupe, Palo Copado, Siguapa, Las Lagunas y Nuevo Paraíso aseguran que han continuado sintiendo réplicas de temblores. La amenaza constante los obliga a dormir en campos abiertos. Los colonos aseguran que cuando la tierra tiembla escuchan un sonido parecido al que provocan las rastras al momento en que transitan por un lugar.
Los estudios que se realizaron en la zona indican que en el lugar existe una falla geológica, por lo que las familias deben salir de inmediato.

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