03 marzo 2009

Las bombillas de Sebastian se quedan en las cajas



Miles de cajas con lámparas ecológicas se apilan en las oficinas de Correos de Zaragoza, donde comenzó el plan para distribuir 49 millones de unidades. En Ejea de los Caballeros, de las 3.300 enviadas sólo 9 han sido recogidas. No menos paradójico resulta saber que han sido fabricadas por una firma extranjera, no por una nacional

Vestido de roja y gualda y empuñando como espada una bombilla alargada, Miguel Sebastián recordaba con el gesto a un caballero Jedi de la Guerra de las galaxias. Era julio de 2008. Y «ahora mismo me los pone de corbata el petróleo», confesaba el ministro de Industria a este periódico. Así que se le encendió la bombilla.Toca ahorrar. Y armado de razones -100 millones de presupuesto- decidió comprar alrededor de 49 millones de bombillas de bajo consumo para repartir gratis. Una por hogar. Que la gente se anime. Gastan un 80% menos de energía y duran seis y ocho veces más que las tradicionales. «¿Quién da más?», sacó pecho el ministro madrileño, al tiempo que llamaba a consumir productos de empresas nacionales para poder sobrellevar mejor la crisis.

Pero ni las bombillas son españolas, ni el cacareado reparto ha cuajado. ¿Qué ha pasado con las luces de Sebastián? «Ni idea.Aquí no conozco a nadie que se haya enterado», dice Pascual Marqués, vecino de la localidad zaragozana de Ejea de los Caballeros, donde residen 17.000 personas. Ni en Ejea (4.000 viviendas) ni en ninguno de los 33 pueblos y aldeas de la comarca aragonesa que lo rodean. Estamos en Aragón, el lugar elegido como ensayo del primer reparto de bombillas de bajo consumo (500.000) ideado por Miguel Sebastián.

Seguimos preguntando y sólo vemos caras de póquer. Pilar Posa, una de las vecinas, dice que se enteró de casualidad al ir a reclamar las cuentas de un recibo de la luz. «No conozco a nadie que sepa de qué va exactamente esto».

En Correos de Ejea de los Caballeros -serán estas oficinas, 15.000 en toda España, las encargadas de repartir las bombillas regalo a todos los ciudadanos- las luces ecológicas se amontonan. De las 3.300 que han llegado a la villa, sólo nueve se han despachado desde el 11 de febrero, cuando el experimento se puso en marcha.«No sé que ha podido pasar», se pregunta el director de la oficina postal, Jesús Sánchez. «A lo mejor es que no han llegado a las casas los recibos de la luz con el bono para recoger la bombilla.De todos modos, esto va muy lento». Tan lento como en Zaragoza capital, donde centenares de cajas de cartón cerradas, precintadas con la leyenda «Ahorra energía», permanecen apiladas con miles de lámparas en su interior.

A la pregunta de Crónica de cómo marcha el plan a día de hoy, con el que Industria calcula un ahorro energético de 160 millones al año, el Ministerio ha respondido con un escueto «sin problemas».Quizás. Aunque a este paso resulta difícil imaginar que los 49 millones de bombillas que Sebastián pretende regalar de aquí a finales de 2010 -la Unión Europea prevé jubilar en 2012 las lámparas de toda la vida- iluminen las casas españolas. Es más, ni siquiera el ministerio sabe cuándo hará las próximas entregas de bombillas, previstas en La Rioja y Navarra. «No hay fechas exactas», confirma a este suplemento.

LUCES ALEMANAS

Ni fechas ni memoria. ¿Se acuerdan de cuando el ministro insistía en que consumiéramos productos de nuestras empresas? Pues no predica con el ejemplo. Se han comprado a una firma extranjera, Osram, del Grupo Siemens de Alemania. Es la marca que figura, por ejemplo, en cada una de las lámparas llegadas para su reparto a Ejea de los Caballeros. Y lo curioso es se han adquirido a través de la patronal de iluminación. Pero Industria no ha dicho ni mu: «Las encargamos, las pagamos y punto». Cuesta entenderlo, sobre todo cuando existe una empresa -en este caso, Cegasa, totalmente española- que comercializa 7.500.000 bombillas de bajo consumo al año, y que ha presentado un expediente de regulación de empleo que afecta a más de 200 trabajadores de su fábrica de pilas, el producto estrella de la empresa vasca.

«Sería para nosotros una ayudita importante. Pero nadie nos ha llamado para lo de Aragón», se lamenta una fuente de la compañía creada en 1934 por el ingeniero guipuzcoano Juan Celaya Letamendi.La última oportunidad para Cegasa, cuyas pérdidas ascendieron a 23 millones de euros en 2008, es el concurso público para la compra de seis millones más de bombillas por parte de Industria (paga a 2,3 euros la unidad) para su posterior reparto gratuito.El veredicto, según el propio ministerio, todavía no se conoce.

Al desconcierto ciudadano se suma la inexistencia de un plan de recogida y reciclado de unas luces, las de bajo consumo, que de ningún modo son inocuas. Incluso, subrayan los expertos, mucho más dañinas que las incandescentes. En esa batalla andan las ONG, que contemplan el plan de Sebastián con una mezcla de expectación y desconfianza. Aplauden, sí, la jubilación de las bombillas tradicionales -una vieja batalla ecologista- pero en cambio denuncian la inexistencia de una red nacional de recogida para cuando caduquen o se rompan. «No se pueden tirar en cualquier sitio», explica Leticia Baselga, responsable de la campaña Mercurio Cero de Ecologistas en Acción. «Son lámparas que contienen mercurio y, por eso, hay que depositarlas en contenedores especiales situados en lugares perfectamente señalizados. Y no los hay. El Gobierno no ha planificado esto». Ni las bombillas que regala explican en pocas líneas que hay que extremar el cuidado para que no contaminen.

La advertencia no es, ni mucho menos, gratuita. Cada bombilla contiene entre uno y cinco miligramos de mercurio, metal altamente tóxico, según mediciones de la prestigiosa revista de química, Chemistry World. Cantidad muy inferior, por ejemplo, a la de un termómetro, pero que se multiplicará millones de veces cuando los hogares españoles se iluminen sólo con lámparas de bajo consumo.

La visita de Crónica ha animado el debate en Ejea de los Caballeros.«Oí algo hace unos meses, pero nada más», dice Pedro. «Vaya lío que ha montado el ministro ese», tercia Josefa. Pues eso.

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