02 marzo 2009

Top-manta, demagogia y el mundo al revés



Ayer lo leí en El Mundo, “La manta no es nuestro sueño“: una campaña para la despenalización del top-manta, con el apoyo de vendedores, abogados, artistas y diversos colectivos. Que la cosa se ha puesto muy complicada, que la presión policial ha aumentado, que ya hay sesenta y tres manteros en la cárcel, persecuciones policiales, noches en comisaría, y que en la calle hace mucho frío. Y sí, estoy parcialmente de acuerdo: la situación de los pobres inmigrantes en la calle, con sus mantas cargadas de plástico dista mucho de ser ideal o digna de un país que se precie de respetar los derechos humanos, y las alternativas que se les plantean son seguramente todavía peores, pero… ¿despenalización del top-manta? ¿Estamos perdiendo los papeles, o se trata simplemente de hacer demagogia y quedar como los que apoyan al débil?

Vamos a ver: entiendo que esto puede resultar impopular, pero esas personas que van con su manta a cuestas son el eslabón final de una cadena de delincuencia organizada, de una serie de organizaciones que, además de los evidentes delitos contra la propiedad intelectual (enriquecerse con la propiedad intelectual de terceros comercializándola de manera abierta y sin el menor escrúpulo), añaden los de fraude fiscal (no declaran sus ingresos), fraude a la Seguridad Social (no dan de alta a sus trabajadores), explotación de seres humanos (largas jornadas de trabajo y desprotección absoluta de sus trabajadores), y sin duda, si fuese abogado, podría señalar sin despeinarme media docena de delitos más tan flagrantes como los anteriores.

El top-manta puede ser uno de los pocos recursos que tienen determinados segmentos de inmigrantes en España para poder llevarse algo de pan a la boca, y seguramente se esté aplicando la presión policial en el eslabón más débil de la cadena: esos inmigrantes podrían, en lugar de ser detenidos, ser seguidos en busca de sus jefes, de los centros de distribución, de los responsables de la cadena, de las mafias organizadas que los explotan. Pedir la despenalización del top-manta es buscar la simpatía con la víctima fácil, promover la solidaridad falsa y, sobre todo, nos enfrenta a un dilema moral: los delitos cometidos por esas mafias no atentan solo contra la propiedad intelectual, sino contra toda la estructura de la sociedad en que vivimos. ¿Vamos a justificar que cuando me vayan mal las cosas, deje de pagar la seguridad social de mis trabajadores, infrinja la propiedad intelectual de terceros y los explote de manera inmisericorde? De acuerdo con que no se cargue la mano contra los pobres inmigrantes, pero ¿despenalizar el top-manta? El top-manta es una lacra social, es ilegal nos pongamos como nos pongamos, supone una competencia absolutamente desleal, explota a sus trabajadores, ocupa espacios en las calles destinados a los viandantes… dejémonos de falsos dilemas morales y de pensar en “soluciones menos malas”, lleguemos a sus responsables, y enviémoslos a las más oscuras de nuestras prisiones.

El tema de la propiedad intelectual está tan profundamente inadaptado a los tiempos que corren, que empieza a resultar directamente patético. Patético es recurrir al hambre de unos para justificar graves y patentes infracciones de las leyes, mientras por el otro lado se intenta criminalizar a quienes desde nuestros ordenadores no hacemos nada malo - más aún cuando la evidencia de que no hacemos nada malo está verificada por los propios jueces. Recuperemos el sentido común: persigamos al delincuente, al verdadero infractor, no al usuario. ¿despenalización del top-manta? No, pura y simple demagogia.

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