10 mayo 2009

Placer para unos, tragedia para otros



¿Cómo puede, el simple placer de comerse un hígado, justificar que se imponga una vida tan terrible a un ser vivo que, como nosotros, puede sentir el dolor y la angustia? ¿Tenemos derecho a permanecer sordos ante este sufrimiento, y a no dar la cara contra esta esclavitud inmoral, sólo porque pertenecen a otra especie?

Hay leyes que protegen a los animales contra la tortura y la crueldad. Hay un quebrantamiento deliberado de estas leyes en el caso de los 30 millones de animales que cada año se usan para el foie gras, sobre todo en Francia. Nos dicen que el “sufrimiento necesario” es aceptable. Pero consumir este producto es absolutamente innecesario. Nadie, ni siquiera lo que se lucran de este comercio, puede afirmar lo contrario.

El precio por kilo del foie gras va bajando en el mercado para el bolsillo de los compradores, mientras que los animales, con el martirio deliberado de su cuerpo, lo pagan muy caro cada día.

Francia también está pagando caro por el foie gras; se ve como un país reaccionario comparado con aquellos otros en lo que está prohibida la producción. ¿Pero cómo podéis decir que es una tradición de alta cultura esa costumbre bárbara de meterle un embudo o un tubo de goma por la garganta a un animal enjaulado?



MANIFIESTO

Como ciudadanos de un país civilizado, y reconociendo que la producción de foie gras se basa en el absoluto desprecio de los intereses del animal utilizado para producirlo:

Pedimos a quienes practican la alimentación forzada con ocas y patos que abandonen esta práctica abusiva. El hecho de que no pretendan ser crueles con los animales no reduce el sufrimiento que les provocan.
Pedimos a quienes sacan beneficio del foie gras, sin ningún tipo de consideración ética, que cesen de participar en este desagradable negocio.
Pedimos a las autoridades científicas y veterinarias que están realmente motivadas por el bienestar animal que tengan el coraje, a pesar de la presión política y económica, de denunciar los métodos de producción del foie gras por lo que son.
Pedimos a nuestros jueces que recuerden que existen leyes que limitan el sufrimiento que puede infligirse a un ser vivo, y que en consecuencia la producción del foie gras es ilegal.
Pedimos a nuestros políticos que elaboren leyes que prohíban en Europa, para siempre, esta práctica arcaica.
Como consumidores determinados a que la ética también esté presente en nuestra mesa, y conscientes de que este sufrimiento existe por la única razón de complacer nuestro sentido del gusto, nos negamos a comprar o consumir estos hígados enfermos de animales torturados.

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