18 junio 2011

Diez razones para no faltar al #19J


Se ha iniciado un deslizamiento firme, pacífico y esencialmente democrático para traducir la indignación ciudadana en vectores de cambio hacia un sistema más justo, más solidario, con menores diferencias y que permita que cada ciudadan@ tengo derechos eficaces para acceder a la felicidad. Y este movimiento, que está amenazado por poderosos intereses, no podemos permitir que retroceda y menos aún que se trunque.
Quiero manifestar las diez razones que a mi entender nos convocan a las manifestaciones de mañana a las que creo que no tenemos derecho a dejar de asistir aunque sea por un compromiso elemental de ciudadanía.
Primera: El sistema del estado de bienestar está al borde del precipicio, sin que los partidos políticos establecidos, los sindicatos y las instituciones de nuestro sistema democrático estén dispuestos a arriesgar nada para impedirlo: sólo la acción ciudadana pacífica, decidida, valiente y constante puede impedir ese derrumbe.
Segunda: Es el momento imprescindible para una enorme demostración de fuerza pacífica, democrática, transversal, basada en la igualdad de tod@s los ciudadan@s, que evidencie que este no es un movimiento pasajero y que todos los intentos de desacreditarlo son baldíos.
Tercera: La demostración de fuerza del 19# debe ser la palanca para un salto cualitativo en la formulación de propuestas realizables. De una hoja de ruta cuya estación término sea alcanzar cuotas de poder y de influencia que permitan poner en marcha el ambicioso plan de reformas de nuestro sistema de convivencia; que frene la inercia –que hoy parece imparable- hacia la injusticia, la marginación de los débiles y el abuso de los poderosos.
Cuarta: Porque los partidos políticos, las instituciones y  los medios de comunicación deben ver la fuerza de este movimiento como una reto pacífico para sus intereses particulares y les obligue a definir si se quieren poner enfrente de este movimiento o quieren caminar hacia la transparencia, la profundización de la democracia –incluida la democracia económica- y una sociedad en donde la delegación de poder no sea un cheque en blanco para que una clase política -alejada de la realidad- haga lo contrario de lo que quieren sus electores en muchos casos.
Quinta: Porque los partidos, los sindicatos, las instituciones de representación y los poderes financieros tienen que entender que se ha acabado el tiempo en que la tecnología de la democracia sirva para lo contrario de para lo que se creo este sistema de representación. No podemos consentir que la democracia se haya convertido, en muchos casos, en la coartada para que quienes manejan las instituciones hagan lo contrario de lo que quieren sus representados, protegidos por un sistema de elección que impide el control de los dirigentes.
Sexta: La Unión Europea, como el sueño de igualdad de todos los ciudadanos del viejo continente, se está hundiendo. Hace falta un revulsivo continental para obligar a un giro radical a la dirección política de la UE para recuperar sus raíces y las razones que impulsaron su creación.
Séptima: Porque hay que detener la primacía de los mercados sobre la sociedad civil y la soberanía de las sociedades; poner límite a la obscena auto retribución de los grandes ejecutivos que han sustituido la propiedad por la administración egoísta de unas empresas que ni siquiera les pertenecen. Limitar el abanico salarial es un objetivo sin el cual no puede haber democracia económica. Controlar los poderes financieros, una opción inaplazable.
Octava: Porque es necesaria una nueva vertebración de la sociedad democrática, con formas complementarias de representación e intervención en la vida social y política que permita a los ciudadanos el verdadero control de sus representantes. Los partidos deben entender que los cambios producidos en las tecnologías ya no les permiten secuestrar la voluntad de sus militantes ni sus electores. Su pervivencia dependerá de que se adapten a los cambios de esta sociedad.
Novena: Porque los más débiles se están quedando sin protección. Y los adelantos médicos que prolongan la vida no se traducen en mantener por encima de todo el bienestar, la dignidad y la esperanza de nuestros mayores.
Décima: Porque la Igualdad que teóricamente está garantizada por la ley no está presente en quienes dictan las normas de convivencia para su realización práctica. Tod@s debemos ser iguales en la vida cotidiana, en la vida institucional y en la realización de nuestros sueños.
Por todas estas razones y muchas más que no puedo sintetizar porque forman partes de los sueños legítimos de millones de personas, considero imprescindible asistir mañana a una enorme demostración de fuerza pacífica que además frene de raíz los intentos de desprestigiar nuestros anhelos.

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